El 27 de agosto se registró una confrontación en el Senado de la República entre Alejandro Moreno, dirigente nacional del PRI, y Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Cámara Alta y senador de Morena. El incidente ocurrió en el presídium y frente a todos los asistentes, cuando Moreno increpó a Noroña por no concederle el uso de la palabra antes de clausurar la sesión. El intercambio verbal derivó en empujones y golpes, lo que marcó un hecho inédito por tratarse de una agresión directa a un presidente del Senado en funciones.
La trifulca se produjo mientras se discutía el tema de la posible intervención de Estados Unidos en México para combatir a los cárteles. Moreno acusó a Noroña de incumplir acuerdos sobre el uso de la tribuna, mientras que el morenista rechazó sus reclamos.
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La presidenta Claudia Sheinbaum condenó la agresión y señaló que representa un ejemplo del comportamiento de la oposición. Asimismo, mostró respaldo a Fernández Noroña, con quien había tenido diferencias días antes.
El altercado generó repercusiones políticas inmediatas. Morena utilizó el episodio para cerrar filas en torno a Noroña, lo que contrasta con la falta de respaldo público de otras fuerzas opositoras hacia Moreno. El PAN y Movimiento Ciudadano evitaron apoyar al dirigente priista, y Jorge Álvarez Máynez, líder de MC, criticó que se buscara capitalizar el hecho como estrategia política.
La confrontación ocurre en un contexto donde Morena había enfrentado cuestionamientos por presuntos casos de corrupción, lujos y nexos con el narcotráfico. La pelea cambió la agenda mediática y permitió al oficialismo reagruparse.
Un día después del incidente, Alejandro Moreno encabezó un mitin acompañado por simpatizantes de la Confederación Nacional Campesina en Paseo de la Reforma, donde llamó a la unidad de la oposición rumbo a las elecciones intermedias de 2027 y la presidencial de 2030.
Con información de El País
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